jueves, 22 de mayo de 2008

TRANSFORMACIÓN UNIVERSITARIA NECESARIA

Gerson Adrian Figueredo Mirabal
gersonfigueredo@hotmail.es


La idea de una reforma universitaria es un proceso ha sido el anhelo de los que de una forma u otra hemos sentido el trajinar histórico de los procesos internos en nuestras universidades, bien sea en donde fuimos formados o donde simplemente compartimos en el dia a dia nuestras conocimientos (con la comunidad universitaria en general) aunados a la docencia, investigación y extensión.

Decir que las universidades o dicho de otra manera, el sistema de educación superior (porque sino estaríamos dejando fuera el resto de las IES), no ha emprendido cambios es caer en contradicciones bien significativas para el proceso que estamos viviendo. Cuando se clama por una verdadera transformación de las universidades debemos pensar en todos los ámbitos que la engloban; por ser esta una comunidad compleja y por supuesto, a mi modo de ver, complicada en sus relaciones dialécticas entre todos los individuos que la integran.
Por ello durante este gobierno bolivariano, se han generado verdaderas discusiones sobre la problemática universitaria y por supuesto sobre la verdadera transformación en todos sus ámbitos. Sin embargo hay que reconocer, que uno de los esfuerzos realizados ha sido (como política de estado) la inclusión social y en especial de aquellas personas que de una forma u otra no han podido acceder y continuar sus estudios de nivel universitario. Por ello según informaciones de la OPSU 2007 al inicio de la revolución en 1999 la matricula nacional en el sector universitario de todas las IES públicas y privadas era de 668.109 estudiantes después de los nueve años de revolución la cifra es de 2.135.146 estudiantes. Esto ha representado un incremento en 1.467.037 es decir un 320%.
Se puede observar entonces que se han hecho esfuerzos bien significativos por parte de gobierno nacional en universalizar y masificar la educación superior en el país. Una de estas estrategias ha sido la municipalización de la educación superior orientada por la Misión Sucre a nivel nacional. Esta estrategia ha generado en el país un proceso de inclusión al sistema de educación superior a 525.671 estudiantes según información del Sistema de Información Nacional de Educación Superior para el 2008.
De igual forma se ha incrementado la inversión nacional a las IES desde los años de la revolución en un 31,6% desde el año 1999 hasta el 2006. Cosa que contrasta totalmente con la inversión en los años antes de la revolución puesto que solo llegaba a un 9% del Presupuesto Nacional. Debido a que para estos gobiernos la educación no representaban un elemento transformador de nuestras sociedades desde todos los puntos de vista, especialmente en el la transformación tecnológica del país.
Ahora bien, si bien es cierto que se ha avanzado en todos estos logros y algunos otros que muy bien pueden seguir profundizándose, se descuidaron otros elementos significativos para la educación superior, como lo es la transformación desde dentro de nuestras universidades.
Por ello, en más de una ocasión se puede ver la intocabilidad que tienen las universidades nacionales (autónomas) del país, las cuales escudándose en una mal entendida autonomía, han sido incapaces de emprender verdaderos cambios estructurales de fondo en la academia, la investigación y la extensión.
En cuanto a la academia se puede notar que han sido casi imposible emprender cambios por lo menos en sus planes de estudios y ni hablar de los diseños curriculares de carreras que prácticamente están descontextualizadas de las exigencias del país repitiendo de manera casi automática los valores neoliberales en el producto final que son los profesionales de esas casa de estudio.
La investigación se ha convertido en simplemente un trámite para lograr un ascenso de nivel y no realmente para producir verdaderos conocimientos transformadores de la sociedad en la cual vivimos. Por ello vemos en la mayoría de las bibliotecas universitarias estantes y mas estantes llenos con tesis y trabajos de grados o trabajos de investigación llevando polvo en el total olvido.
Por último y no menos importante que las demás se encuentra la extensión. Este punto es de vital importancia para nuestras universidades. Se trata nada mas y nada menos que de la vinculación sociedad – universidad. Pero ¿Cuál vinculación? La de ir a las comunidades con la excusa de hacer trabajo comunitario o hacer tal o cual “trabajo de extensión universitaria” cuando lo que sienten nuestras comunidades en la mayoría de los casos es que vamos a acariciar sus miserias sin dejar en ellas por lo menos propuestas para un desarrollo de las mismas y por supuesto el seguimiento de las mismas.
En función a lo antes expuesto y tomando como referencia al material suministrado de Roberto López Sánchez (2007) “Propuestas para una nueva universidad”, me ha llevado a reflexionar sobre el proceso de transformación universitaria que esta viviendo nuestro país.
La necesidad de trasformar nuestras IES debe convertirse en un elemento primordial para el país y dejar de ser políticas de gobiernos de turnos y convertirse realmente en una “Política de Estado” donde cada gobernante futuro entienda que el papel de las IES en el país es fundamental para el desarrollo.
Se deben generar desde dentro de las IES, verdaderos cambios en materia curricular cónsonos con las necesidades del país y las transformaciones sociales y tecnológicas que apunten hacia el desarrollo de nuestra sociedad venezolana. Donde se puedan visualizar las nuevas tendencias educativas así como los nuevos paradigmas epistemológicos mundiales.
Un elemento fundamental que considero ha sido dejado a un lado en las recientes discusiones y debates en torno al tema de la transformación universitaria ha sido la vinculación Universidad – Comunidad y viceversa. Pero, no vista esta como un simple punto que pueda ser o estar presente como un objetivo más de la extensión, sino como una verdadera participación dentro de los procesos institucionales como tal. Así por ejemplo, podemos hablar de una participación activa de las comunidades en la contraloría social de sus IES locales, de una participación directa en las tomas de decisiones en las cuales se encuentren ellas vinculadas y no que simplemente sean objetos de estudio, a la par que en los consejos comunales debería existir una representación de las IES de forma tal que se puedan estrechar lazos pertinentes y necesarios.
No debe seguir concibiéndose las IES como verdaderas sociedades de conocimientos aisladas de las comunidades donde se generan los mismos y por supuesto hacia donde, al fin de cuentas, debe ser el destino.
El hecho de construir el socialismo desde nuestras universidades no debe representar ningún temor, ni siquiera para los opositores de esta tendencia. Debemos crear más bien unas IES abiertas a los cambios actuales y por su puesto de puertas abiertas a las comunidades.

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